Tres meses en Tailandia y todavía no habíamos llegado ni a Bangkok; las islas del sur nos habían absorbido. Resignar el agua turquesa, dejar de vivir en patas o coleccionar atardeceres en la playa era un desafío importante, pero a fines de enero el almanaque empezó a presionar y tuvimos que apretar el acelerador. Tras un paso fugaz por la capital, conseguimos dos housesittings breves en Chiang Mai y, después de meter una escapada de un día a Pai, confirmé el deseo que rodeaba mi cabeza hacía tiempo: quería hacer un roadtrip por el norte de Tailandia en moto.

Gracias a Couchsurfing conocimos a Dan, un canadiense profesor de inglés que nos alojó algunos días en su casa de Chiang Rai para planificar el mini viaje. Accedió sin problemas a que dejáramos gran parte de nuestro equipaje en su casa durante la semana que durara el roadtrip y nos recibió nuevamente al regresar. ¡Un genio!

moto y carretera
Rutas vacías, curvas infinitas y la libertad de ir hacia donde nos lleve el viento.

Preparativos

Sabíamos que queríamos estar varios días en la ruta y conocer el costado más rural del norte tailandés, pero nada más. Entonces, lo primero era delinear un itinerario tentativo para saber cuántos días había que alquilar la moto e interiorizarnos sobre la historia y cultura de los lugares que pensábamos visitar.

Decidimos que una semana era un buen equilibrio entre lo que queríamos y lo que podíamos hacer. Nos quedaba un mes y monedas en el Sudeste Asiático y tenía que alcanzar para despedirnos de Tailandia y recorrer fugazmente Laos y Camboya.  

El siguiente paso era alquilar la moto. Chiang Rai no es la excepción al resto de Tailandia en cuanto a las motos para alquilar: las opciones básicamente eran Honda Scoopy o Honda Click. La Scoopy no funciona para montañas y rutas de tierra, así que teníamos que ir por la Click. Dimos varias vueltas por el centro y los precios no parecían bajar de 200 baht diarios (ver cambio del día aquí). Sin embargo, la paciencia es la mejor amiga del regateo: cuando estábamos por ceder ante un señor que pedía 1500 baht por los 7 días, encontramos por una calle lateral una señora que aceptó de primera los 1200 bath que ofrecimos. Con 171 baht diarios de moto el objetivo de vivir con 600 no parecía tan lejano.

De la peor manera aprendimos que para andar en moto por el norte tailandes teníamos que abrigarnos: sintiendo cada milímetro de nuestro cuerpo congelado cuando manejamos desde Chiang Mai a Pai unos días antes. Esta vez sí empacamos los guantes de ciclistas que venían juntando telarañas en las mochilas y todo el abrigo que teníamos. Sabiendo que dormiríamos en miradores y montañas, salimos a buscar cajas de cartón que funcionen de aislante y una mantita para reforzar nuestros sobres de dormir veraniegos.

con mer empezando el viaje en moto por el norte de tailandia
Todo pronto, ¡que comience la aventura!

Recorrido

Si bien habíamos guardado en Google Maps varios lugares que nos interesaban y en base a eso diagramamos mentalmente un posible itinerario, la única certeza era que el primer día iríamos rumbo a Phu Chi Fa y viajaríamos en sentido contrario a las agujas del reloj bordeando las fronteras con Laos y Myanmar. El mismo viaje iría determinando los lugares a visitar y podemos decir que cumplió con creces.

Las montañas me atraparon como si fuera una niña; quedé embobada con las curvas infinitas y manejar por ellas me hizo sentir en un videojuego. Hice fuerza para que las imágenes que me pasaran por la retina queden grabadas en mi memoria, pero sé que con el tiempo me voy a ir olvidando de los detalles, las curvas cerradas, los árboles de flores rojas rompiendo la monotonía del valle y las mujeres secando las hojas al sol a un costado de la ruta. Sin embargo, la sensación de libertad que me atravesó por el cuerpo durante toda la semana dejó una huella difícil de borrar.

Día 1: Phu Chi Fa (121 km / 473 baht)

El camping del Parque Forestal Phu Chi Fa estaba temporalmente clausurado así que encontramos en el Visitor Center, un quincho abierto con piso de hormigón y sillas de plástico, un lugar para resguardarnos durante la noche. Al principio el guardaparque no nos quería dejar pasar la noche ahí, pero de tanto insistir le ganamos por cansancio. Nos comprometimos a no hacer fuego ni basura y quedó medianamente satisfecho.

acampando en el visitor center
Encontramos este lugar bastante cómodo para poner la carpa, aunque la helada de la noche no nos dio tregua

En total subimos tres veces al mirador cuya roca le da nombre al parque: “Montaña que mira el cielo”. Son 800 metros de camino rocoso y empinado, pero al llegar vale la pena cada jadeo y gota de sudor. Lo típico es ir a ver el amanecer, pero el atardecer también vale la pena, especialmente porque hay muchísima menos gente.

Después de pasar una larga y congelada noche, mi recomendación principal es que lleven buen abrigo, además de linterna para subir al mirador antes que salga el sol. La entrada al Parque es gratuita y, en teoría, acampar también. No sabemos si el camping se volverá a habilitar en algún momento, pero mientras tanto pueden usar el Visitor Center de hospedaje amigo, jeje.

en el mirador del phu chi fa
Caras de “no dormimos un pepino y estamos muertas de frío, pero que lindo esto”

Día 2: Chiang Khong (82 km / 615 baht)

Ahora le tocaba manejar a Mer y le propuse ir por rutas secundarias, aunque el camino fuera más largo. A medida que nos acercábamos al río Mekong, empezamos a ver muchísimos campos de arroz. Si hubiesemos ido por la ruta principal dudo que el paisaje haya sido el mismo. 

La noche había sido complicada y yo no me sentía muy bien, así que el objetivo era llegar a Chiang Khong, donde había visto un alojamiento económico. Se llama Nam Khong Gueast House y por Booking nos costó 225 baht una habitación preciosa. Necesitábamos la ducha y el descanso.

Chiang Khong es ciudad fronteriza con Laos gracias a que en el medio está el Mekong, el río más largo de todo el Sudeste Asiático. Después de bañarme y volver a ser persona, me fui a escribir al río y perderme en pensamientos de barquitos contrabandistas. Hay un mundo que transcurre silencioso por debajo de los límites políticos, donde la naturaleza y las costumbres se mezclan en un híbrido difícil de catalogar. Cada vez que llego a una frontera pienso lo mismo: los pueblos son anteriores a cualquier acuerdo de escritorio. ¿Quién decide realmente donde empieza o termina un país? ¿Los mapas o la gente?

barco en el Mekong
Estos barquitos tradicionales conectan Laos y Camboya diariamente.

Día 3: Triángulo de oro, Doi Tung e invitación sorpresa (156 km / 416 baht)

Después de desayunar salirmos rumbo al Triángulo de oro: la triple frontera entre Laos, Myanmar y Tailandia. Sinceramente, no tiene demasiada cosa especial más allá del mirador sobre el río desde el que se puede observar los otros dos pedazos de tierra de distinta bandera. Las fantasías sobre fronteras, mapas y poderosos siguieron rondando mi cabeza por bastante tiempo.

Almorzamos unos sándwiches de 13 baht del 7-eleven y volvimos al asfalto rumbo a Doi Tung, otro mirador montañoso cerca de Myanmar. Como ya estaba siendo costumbre en este roadtrip, fuimos por rutas secundarias. Lo maravilloso de estas carreteras es que pasan por pueblos y aldeas que a veces no figuran ni en el mapa.

Atravesando uno de estos tantos pueblitos, noté que de los postes de luz caían unos banderines largos y super trabajados, las familias estaban reunidas en los patios de las casas y se respiraba un aire festivo. Cuando el pueblo quedó atrás y ante nuestros ojos volvía la ruta verde y desolada, en lugar de acelerar tranquilamente para seguir camino, frené la moto y la encaré a Mer muy seriamente:

—Necesito saber qué pasa acá

—Da vuelta y vemos

—¿Queremos que nos inviten?

—Yo que sé

No estábamos en nuestro mejor momento de convivencia, pero yo tenía un buen pálpito, así que dimos la vuelta y empezamos a buscar alguien que hablara inglés. Finalmente encontramos un señor cuya casa tenía una estatua enorme de Buda en la entrada, desbordante de ofrendas de dinero. Más o menos logró explicarnos que al día siguiente habría una celebración en el templo y todo el pueblo estaba de fiesta.

—Mañana a las 2 de la tarde llevo al Buda al templo, es una ceremonia.

—Ah mira… que interesante. Nos encantaría verlo, pero estamos en viaje

—Si quieren pueden dormir aquí esta noche y mañana ven la ceremonia

Objetivo cumplido.

Como todavía era temprano y el señor tenía que hacer cosas, decidimos ir hasta el mirador Doi Tung y volver a la tardecita para pasar la noche ahí. Tal vez fue la excitación por la invitación espontánea, pero Doi Tung no nos generó demasiado. El Doi Tung Royal Villa es un complejo de parques que cobran entrada y estaba por fuera de nuestro presupuesto, así que solo fuimos a un mirador gratuito y volvimos a la aldea.

triángulo de oro
Triángulo de oro: la triple frontera entre Laos, Tailandia y Myanmar

Día 4: De fiesta en el templo de Si Don Mun (0 km / 320 baht)

Todo lo sucedido durante este día excede a las expectativas o sueños que podíamos tener sobre el roadtrip por el norte de Tailandia. Era la reinauguración del Templo después de una importante reforma y no solo la aldea estaba de fiesta, sino que la gente viajó de otros lugares de Tailandia para asistir al evento.

Este día se merece un posteo aparte con lujo de detalles (proximamente). Fue de las mejores experiencias que me han pasado viajando y todo sucedió porque decidimos frenar y preguntar qué pasaba en una aldea chiquita llena de banderines de colores.

Esa noche acampamos en un terreno baldío del pueblo, después de estar todo el día de fiesta. El presupuesto del día fue únicamente el costo de la moto y algo de comida.

Mujeres posan con el templo renovado de fondo
El pueblo estaba de fiesta y no tuvimos mejor idea que quedarnos a celebrarlo

Día 5: Doi Mae Salong (60 km / 653 baht)

Una calle principal atraviesa la montaña, bordeando precipicios y escupiendo ramificaciones serpenteantes hacia rincones medianamente propicios para construir una casa. El triunfo de Mae Tse Tung y el comunismo en China en los años 50’, obligó a la milicia nacional a huir. Primero se dirigieron a Birmania, hoy Myanmar, pero la situación inestable del país los llevó al norte de Tailandia, fundando de esta manera Doi Mae Salong.

La herencia china es inconfundible: globos rojos decoran casas y negocios mientras los carteles son mucho más chinos que tailandeses. En un principio íbamos a pasar la tarde y seguir de largo, pero ¿cuál era el apuro? Habíamos pasado la noche durmiendo en un baldío, así que nos merecíamos un poco de confort.

A pesar de estar bastante desierto, los precios de los alojamientos eran disparatados. Un señor que conocimos en Chiang Khong nos había recomendado la Guesthouse Mr. Hoo y salimos directo a buscarla: 200 baht por la habitación doble era buen precio así que nos quedamos.

Vista de Mae Salong
Doi Mae Salong se extiende como puede entre los recovecos de la montaña

Sabíamos que cerca de Mae Salong había una comunidad Akha, minoría étnica tradicional del norte de Tailandia. Sin saber muy bien por dónde nos estábamos metiendo, y después de visitar el templo budista más abandonado que conocimos en Tailandia, nos adentramos por un camino rocoso que atravesaba el valle. Mer prefirió que yo manejara porque tengo más fuerza en los brazos, fundamental para mantener la estabilidad en rutas desafiantes.

Camino de tierra y muchísimas rocas: todavía no lo sabía, pero eso iba a ser el entrenamiento para el día siguiente y las rutas de Laos, una semana después. Me hizo acordar a las cortadas que metía por la montaña en Bali, en unos caminos que lxs locales conocen como la palma de sus manos, pero lxs turistas caen hechos bosta como si fueran trampas para ratones. Me sentí intrusa y superheroína al mismo tiempo, descubriendo habilidades que nunca imaginé tener.

La comunidad Akha que encontramos fue un tanto decepcionante porque parecía vacía y la poca gente que había no tenía interés en hablar con nosotras. Apenas logramos preguntar qué eran los granos que secaban al sol y me sentí un bicho de ciudad cuando me contestaron “café”.

hombre akha trabajando café
Hombre de la tribu Akha seleccionando granos de café

Día 6: Doi Ang Khang (107 km / 641 baht)

—Y acá nomás a la derecha —me dijo Mer desde atrás con el celular en la mano

La ruta asfaltada seguía de largo y lo único que se abría a la derecha era un camino de tierra rústico y empinadísimo. Cada tanto mordía una piedra o resbalaba por la tierra suelta, y tenía que apoyar las piernas para no morder el polvo. Me empecé a reír como niña, entre la adrenalina del camino desafiante y el terror de estar solas en el medio de la nada con la posibilidad real de que nos pase algo.

Se notaba la temporada seca porque en ciertos sectores la tierra estaba suelta y arenosa. Nos adentramos en la montaña cerca de una hora, hasta que aceptamos que Google nos había cagado porque decía de doblar en un camino que no existía. Teníamos que volver sobre nuestros pasos, lo cual tenía la ventaja del camino conocido.

A la primera subida empinada y arenosa, Mer me preguntó si era mejor que se bajara así yo subía con la moto más liviana, y le dije que no era necesario: grueso error. La moto empozó al borde del camino y al intentar apoyar el pie para aguantar el peso, nunca encontré el piso y caímos en cámara lenta. Con el reflejo de evitar que la moto me aplaste la pierna, gire hacia atrás y me caí encima de Mer. No tuvimos más que raspones, pero fue el cable a tierra de que algo nos podía pasar.

La segunda subida complicada la hice sola, con Mer mirándome 10 metros más abajo a través de la nube de tierra que escupía la rueda trasera. Tuve la lucidez suficiente para bajarme de la moto y acelerar suavemente hasta que la moto saliera sola; era cuestión de liberarle un poco el peso. Llenas de tierra, pero con sobredimensionado alivio, volvimos a la ruta de asfalto y manejamos derecho hasta Doi Ang Khang: el último mirador de este roadtrip.

en la ruta montañosa
Manejar por esta ruta fue una experiencia inolviable.

Subiendo a Doi Ang Khang descubrí que las vueltas para llegar a Pai habían sido un juego de niñes. Ahora si estaba picante: curvas cerradas, carteles alertando de accidentes y una inclinación que parecía nunca terminar.

Llegamos y acampamos en el camping más alto de Tailandia, algo así como 1700 metros sobre el nivel del mar. Con la experiencia del Phu Chi Fa en los hombros, soltamos el ratatómetro y cedimos ante las colchonetas y mantas que ofrecían para alquilar. Dormir así era otra cosa, al punto que por un momento tuve calor. Despertarnos para ver el amanecer en ese lugar fue mucho más placentero que en Phu Chi Fa.

El camping cuesta 50 baht si tenés tu propia carpa, o 225 baht si necesitas alquilar una. Por 40 baht extra nos dieron dos colchonetas y por 80 baht una manta gruesa que nos cubría a las dos.

Amanecer en Doi Ang Khang
Amanecer en Doi Ang Khang

Día 7: Vuelta a Chiang Rai (134 km / 132 baht)

El amanecer fue más lindo y menos frío que el de Phu Chi Fa, pero de todas formas esperamos para calentarnos con el solcito antes de salir a la ruta. Fueron 134 largos kilómetros de regreso a Chiang Rai, especialmente por todas las curvas del principio.

Antes de devolver la moto teníamos que disimular las marcas que dejó la caída del día anterior. Paramos en una gomería y pedimos una lija para los rasguños en el plástico que cubre el caño de escape. No sabíamos qué tan rigurosos iban a ser con el estado en que devolviéramos la moto, pero queríamos evitar cualquier tipo de problema.

Agotadas pero agradecidas, llegamos a lo de Dan para relatar las aventuras de nuestra última semana y despedirnos definitivamente de Tailandia. Al día siguiente saldríamos a dedo hacia la frontera con Laos, dejando atrás cuatro meses de amor absoluto por esas tierras.

en la comunidad akha de mae salong
Una semana llena de libertad, heladas, amaneceres y encuentros inolvidables.

Cifras finales

En total manejamos 750 kilómetros, siendo 660 km de ruta y 90 km de caminos o trayectos cortos.

De las seis noches pasamos dos en guesthouse, dos acampando en miradores, una de invitadas en una casa y otra acampando en un terreno baldío.

En total gastamos 3528 baht las dos por los siete días, distribuidos de la siguiente manera:

One thought on “Norte de Tailandia en moto”

  1. Pai es el lugar mas famoso de toda la ruta. La meca de los mochileros en el norte de Tailandia. Un destino ideal para quienes busquen tranquilidad y buenos precios. Lo mejor que se puede hacer en Pai es no hacer nada. Buscarse un bungalow bien ubicado y con una buena hamaca donde descansar de la ruta y relajarse.

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