1716 kilómetros a dedo en 22 vehículos: autos, camiones, camionetas y hasta un jeep. Fue el primer destino de este nuevo viaje, donde me encontré con mi amiga Mercedes y estuvimos 44 días recorriendo Malasia a dedo.


En este posteo me voy a concentrar específicamente en los momentos haciendo dedo. Si querés saber más de los destinos que visitamos no te pierdas el artículo Rincones de Malasia


Recorrido

Huir de Kuala Lumpur

Salir de las grandes ciudades haciendo autostop no es fácil. La mejor, y a veces única opción, es moverse en transporte público hasta las afueras. En nuestro caso, para salir de Kuala Lumpur nos tomamos un tren hasta las Batu Caves, uno de los lugares más turísticos de la capital malaya. Para visitar las cuevas livianas de peso, nos comprometimos a almorzar en un restaurante indio a cambio que nos cuiden las mochilas.

Desde las Batu Caves se puede ir fácilmente al Parque Estatal de Selangor. Esta zona todavía es de autopista vallada, así que para hacer dedo hay que caminar bastante. Por nuestro cansancio y la hora del día, decidimos tomarnos un Grab (el Uber del Sudeste) por RM 16 (USD 4). En el parque podés acampar por RM 7 la noche.

nosotras en las batu caves
Parada en las Batu Caves antes de seguir viaje

Objetivo Penang (334 km)

Ahora sí empezaba el viaje a dedo. Salimos a la ruta a las 10 de la mañana y en menos de 5 minutos nos levantó un camionero que no hablaba una palabra de inglés, pero nos arrimó hasta el siguiente pueblo, que empalmaba con la ruta a Penang. A veces no es tan importante cuántos kilómetros podés avanzar, sino cambiar de ubicación.

Después de almorzar en Batang Kali, el pueblito donde nos dejó Gobi, caminamos dos kilómetros hasta la ruta y menos de 10 minutos después ya estábamos en un auto con dirección a Penang. ¡Sí! Un viaje de 300 km lo metimos en un único auto. Cómo nos ha pasando infinidad de veces, el conductor se desvió hasta dejarnos en el centro de George Town, aunque él iba para el otro lado.

De Penang a Ipoh (163 km)

Nuevamente teníamos que salir de una ciudad importante y para eso apelamos a un cartel, fundamental para depurar el tráfico. Primero pusimos el destino final “Ipoh”, pero no estaba surtiendo ningún efecto: todos los autos que nos frenaban se movían dentro de la isla. Por eso cambiamos la estrategia e improvisamos un cartel que diga “puente”: el primer objetivo era salir de la isla. Rápidamente conseguimos un auto que nos arrimó, pero ahora la dificultad era otra: había empezado la zona de autopista y los autos venían a gran velocidad.

Cambiamos la estrategia: Mercedes se colocó con el cartel unos 30 metros adelante para llamar la atención y yo los terminaba de frenar detrás; y además estaba más cerca para ir a hablar. Después de 25 minutos conseguimos un viaje hasta Taiping, a mitad de camino. La muchacha que nos levantó, nos llevó hasta un restaurante sobre la ruta así comíamos algo antes de seguir, una muestra más de hospitalidad malaya.

Otros 15 minutos con el cartel de Ipoh fueron suficientes para que nos levantara Aru: lo más parecido al señor Flanders que conocí en mi vida. Profesor de geografía y super interesado en otras culturas, entonces la hora y pico de viaje se pasó volando. Esperó a que resolvamos donde quedarnos esa noche y nos llevó hasta la puerta del hostel, ¡un genio!

con el genio de aru, el profesor de geografía
Con nuestro amigo Aru

Cameron Highland: tan lejos y tan cerca (89 km)

Las Cameron Highland no quedan lejos de Ipoh, pero la sinuosa carretera enlentece el movimiento. De todas maneras, lo más difícil fue -vaya sorpresa-, salir de la ciudad. En estos casos es indispensable el cartel que anuncie hacia donde vas. Fue de los momentos que más tiempo esperamos, cerca de 40 minutos. Finalmente, una familia nos llevó hasta donde empalmaba la carretera que iba directo a Cameron Highland. Una vez allí demoramos menos de 5 minutos en conseguir un viaje.

Nosotras hicimos base en Tanah Rata y caminamos bastante hacia los senderos, pero hubo momentos que tuvimos que volver haciendo dedo y la verdad fue muy sencillo. Si todavía no se animan a probar autostop para largas distancias, empezar en las Cameron es una gran idea. Las distancias son cortas y la gente está muy acostumbrada a llevar y traer turistas de los senderos.

Gua Musang: la estrategia del punto medio (122 km)

Ir desde Cameron Highland hasta Terengganu, donde tomaríamos el barco a la isla de Kapas, parecía demasiado ambicioso para un solo día. Elegimos un punto intermedio en Gua Musang para pasar la noche. Tomamos esta decisión especialmente después de estar 2 horas para avanzar 3 kilómetros; el tránsito en las Cameron puede ser un infierno.

agotadas de avanzar a paso de peatón
Dos horas avanzando a paso de peatón.

Consejo práctico: siempre tengan las mochilas con los cobertores. Nos levantó una camioneta abierta y pusimos las mochilas en la caja, sin pensar en la protección para lluvia porque estaba soleado. Gravísimo error, en Malasia el clima es impredecible y podés pasar de un sol que raja la tierra a que se caiga el mundo a pedazos en 20 minutos. Nosotras aprendimos la lección.

El tercer y último vehículo del día fue un gran camión y llegamos sobre la tardecita a Gua Musang. Preguntamos por la zona de hoteles baratos (que no abundan), y mientras Mer se quedó con las mochilas en un lugar, yo salí a buscar precios para pasar la noche. Conseguimos una habitación doble por RM 30 (USD 8) y al día siguiente seguimos viaje.

Rumbo a Kuala Terengganu: cuidarse y poner límites (280 km)

Ahora sí, teníamos todo el día por delante para llegar a Terengganu. La primera decisión fue elegir la ruta. Si bien hay un camino bastante directo que une Gua Musang con Terengganu, no parecía tener mucho tráfico. Elegimos seguir rumbo al norte por una ruta transitada y después bajar por la costa. A veces no importa tomar el camino más corto, sino el más eficiente.

Salimos temprano en la mañana y enseguida nos levantó un señor en auto. ¡Genial!, pensamos las dos. Terminó siendo un demente que manejaba a 160 km/hr, rebasando autos en las curvas y haciendo toda clase de maniobras peligrosas. Aguantamos 20 minutos con el corazón en la boca hasta que le pedimos que frenara y nos bajamos. Nuestra vida vale mucho más que eso. Fue una lección importante y aprendizaje a futuro, si no te sentís seguro o segura en el vehículo que te levantó: BAJATE. No le debes nada a nadie, y si alguien se enoja, problema de la otra persona.

Pasado el susto, seguimos haciendo dedo y el resto del día transcurrió en total armonía. Un señor en auto que viajaba con su hija de 6 años, un camionero simpaticón que se reía de absolutamente todo y una pareja de veteranos musulmanes que nos invitaron a quedarnos en su casa. Esa fue la siguiente lección: no tener miedo a bajarse por quedar en el medio de la nada, siempre va a aparecer otro vehículo al rescate.

con el matrimonio de veteranos musulmanes
Hasta nos llevaron a conocer el puente recién inaugurado de Terengganu

Kuala Terengganu a Marang (3 veces: 51 km)

Este tramo es solo de 17 km, pero lo hicimos tres veces porque desde Marang se toma el barco a la Isla de Kapas. La primera vez nos levantó Nik, un azafato de Malindo Air, y fuimos charlando todo el camino. La segunda vez, volviendo a Kuala Terengganu para hacer un trámite, nos llevó un señor bastante baboso. Probablemente nos tendríamos que haber bajado, pero como era un tramo corto aguanté abrazando la mochila para que dejara de mirarme las tetas.

La tercera vez ni siquiera hicimos dedo, íbamos caminando hacia alguna sombra con lugar para estacionar y una camioneta nos preguntó si íbamos a Marang. La gente que hace ese trayecto a diario está acostumbrada a ver mochileros ir y venir entre la ciudad y el paraíso terrenal de Kapas.

Empezar a bajar (212 km)

En la Isla de Kapas nos terminamos quedando dos semanas y cuando quisimos acordar teníamos que apurarnos si queríamos conocer Melaka antes de llegar a Singapur, donde teníamos un house sitting confirmado. Directo eran casi 500 km, así que nuevamente nos planteamos un punto intermedio.

El devenir de la ruta nos llevó a pasar la noche en Kuantan: ni muy ciudad para que sea difícil de salir; ni muy pueblo donde no haya lugar barato para dormir. El viaje nuevamente fue super agradable: un veterano ciclista que hablaba poco inglés pero igual charlamos todo el camino, una señora amorosa que hasta nos terminó regalando 1 ringgit de la buena suerte a cada una y un pibe que se banco mi olor a Tiger Balm todo el camino.

Llegar a Melaka (272 km)

Otra vez hicimos cartel para salir de la ciudad y en menos de 15 minutos ya estábamos rumbo a Gambang, donde se abría una ruta hacia el sur. Por la incipiente lluvia nos refugiamos en una estación de servicio a dibujar en cartón el siguiente destino: Segamat.

No tuvimos ni que salir a la ruta: dos muchachos en camión leyeron el cartel y se ofrecieron a llevarnos. Fueron casi 4 horas con Mercedes a upa, porque solo había un lugar libre en la cabina, pero el viaje fue muy disfrutable. No hablaban casi inglés, pero aprendimos (o intentamos aprender) varias palabras y frases en malayo. Entre risas que iban y venían, al final seguimos con ellos hasta Tampin.

con los camioneros simpáticos que nos llevaron hasta Tampin
Apretadas pero felices

Nunca pensamos que los 50 km que nos separaban del objetivo serían los más difíciles. Primero nos retrasó la feroz lluvia, que nos obligo a resguardarnos bajo techo. Después nos levantó un chico que volvió al centro a cargar nafta y una vez allí nos pidió dinero, con la excusa de que había perdido la billetera. “Con ese cuento a otro lado”, nos dijimos, y acto seguido bajamos. Lo peor es que nos sacó de la ruta cuando ya estaba cayendo la noche. De todas manearas, tarde o temprano todo se soluciona, y otro chico nos llevó sin contratiempos hasta Melaka.

Chau Malasia, hola Singapur (193 km)

De toda nuestra aventura a dedo por Malasia, este fue el día más difícil. Conseguir un vehículo que nos saque de Melaka fue dificilísimo, con cartel y todo. Probablemente hubiese sido más inteligente tomar un ómnibus hasta las afueras.

La estrategia era llegar a la autopista que une Kuala Lumpur con Singapur, pero no era tan fácil. Esperamos una hora para conseguir un viaje hasta Muar, y le pedimos que nos deje en las afueras porque no queríamos volver a salir de una ciudad. Tal vez ahí estuvo el error: otros 40 minutos al sol y con calor fueron suficientes para aceptar que nos llevaran hasta la terminal de ómnibus. De todas maneras, la chica que nos llevó nos tiró un buen consejo: “tómense un bus hasta Pagoh, donde hay un peaje. Se paran después del peaje y seguro alguien las levanta”.

El consejo fue exitoso, porque una vez en el peaje no esperamos más de 10 minutos. Nuestro nuevo conductor iba hasta Johor, la ciudad fronteriza con Singapur. El caos en Johor nos atomizó el cuerpo y la cabeza, era imposible seguir a dedo. El paso de frontera fue un martirio, pero eso ya es cuento de otro posteo.

desde el balcón de nuestro apartamento en Sngapur
¡Llegamos a Singapur!

La primera vez que hice dedo sola fue en Australia, no te pierdas la crónica acá.


¿Qué es viajar a dedo para mi? A veces describir nuestra cotidianidad es lo más difícil de todo.


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