De frustrada a fascinada en un segundo

Hacía horas que estaba caminando sin parar y lo único que quería era llegar a la casa que estaba cuidando gracias a house sitting. Singapur es de las ciudades más amigables del Sudeste Asiático para recorrer a pie, al punto que en una tarde podés meter 15 kilómetros casi sin darte cuenta. Me dejé llevar por las amplias veredas, peatonales, puentes y sombras de una ciudad pensada para el disfrute. Pero cuando tenés un tobillo que una vez se quebró (y curó mal), y la humedad coquetea con el 100%, es un poco peligroso.

Tenía hambre, pero no había visto nada abierto, barato y decente en el camino. Avanzaba con la mirada clavada en el suelo y obsesionada con la pizza que la dueña de casa había dejado en el congelador. Todavía no me había frustrado con el horno ultra tecnológico, mi analfabetismo culinario y los bajísimos niveles de paciencia que suelo tener cuando estoy de mal humor. No, todavía no. Mi frustración era de hambre, dolor y cansancio: tan primitiva como auténtica.

Caminaba como una zombi por la iluminada y nocturna Singapur, con el ruido de la panza como único motor para las piernas acalambradas y el tobillo agonizante. Cuando me faltaban unas seis cuadras para llegar, levanté la mirada y de pronto el hambre, el dolor, el cansancio y toda la frustración que tenía, quedaron en pausa.

¿Esto es real? ¿Está abierto? ¿Se puede entrar? ¿Es un bar?

La catarata de preguntas vino acompañada de una enorme sonrisa y el descaro de mandarme sin pedir permiso. ¡¡Pero si es igual!! Rápidamente empecé a filmar con el celular y una de las mozas se me acercó directamente, a paso firme y decidido. Listo, cagué.

—¿Querés cenar? Porque la cocina acaba de cerrar

—No, no… todo bien, no tengo hambre. ¿Puedo filmar el lugar?

Balbuceó una respuesta que interpreté como “hace lo que quieras” y volvió a limpiar las mesas. Estaba en Central Perk, el mítico café de Friends: una de las series más importantes de la historia de la televisión. (Y no, no exagero).

copia de la fachada de central perk
Falsa fachada que simula ser la de Central Perk

Licencia de Friends: entre el negocio y la emoción

Nunca me llamaron la atención los bares temáticos, tal vez porque en Uruguay no abundan y los que conocí viajando eran de cosas que no me interesaban mucho.

No descubro la pólvora diciendo que Friends es uno de los programas de televisión más influyentes para varias generaciones. Solo pude seguir en vivo las últimas dos temporadas, cuando tenía 12 y 13 años, pero me sé casi todos los diálogos de la serie de memoria. Hoy en día soy un poco más crítica con ciertos discursos y enfoques del programa, especialmente en lo que refiere a una perspectiva género, pero no deja de ser un show que marcó mi adolescencia y la de tantas otras personas.

Un bar que recrea el famoso café de Friends es, además de un negocio brillante, un viaje directo a la emoción de quienes reímos y lloramos con las historias de los seis amigos más famosos de la televisión. Y más aún si este bar cuida hasta el más mínimo de los detalles, con réplicas de los elementos más emblemáticos de la serie y recreando una atmósfera que solo podíamos imaginar a través de una pantalla.  

sillón y mesa central
Mesa exclusiva para sacarse fotos.

La vidriera que da al exterior, el sillón naranja, la cafetera dorada, las tazas anchas y de colores, son todos elementos que te hacen sentir parte de la serie. Pero los detalles van más allá del bar, porque cerca de la entrada principal hay una exposición con sectores dedicados a cada uno de los personajes. Ross y su amor por los dinosaurios, Rachel y el vestido de un casamiento que no fue, Phebe y el cuadro de Gladys, Mónica y su obsesiva cocina, y el futbolito de Chandler y Joey.

Detalles y símbolos; recuerdos tangibles de la emoción que sentiste cuando viste ese capítulo por decimonovena vez.

Hay programas que son mucho más que televisión.

Hay bares que son mucho más que un negocio.

pizarrón del bar
“Todo lo que sé en la vida, lo aprendí de Friends”

Galería de fotos

Información práctica

  • Como viajo con un presupuesto super ajustado, no me senté a tomar o comer nada. De todas maneras, los precios no me parecieron diferentes a otros restoranes de Singapur.
  • Está ubicado muy cerca de Clarke Quay, al otro lado del río. Para ver la ubicación exacta fíjate acá.
  • Podes chequear el menú, horarios y próximos eventos entrando a la página web.
  • La apertura fue en noviembre de 2016 y según palabras de la encargada, el dueño tiene el firme proyecto de ampliar el negocio agregando un hotel en un futuro cercano.
  • Aunque no vayas a consumir nada, no tienen problema que entres a mirar y sacar fotos.

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